Todo lo demás es silencio

Querido Antonio:

Te escribo aquí porque escribirte (a tu casa) me resulta puro ejercicio de egoísmo. Es preciosa la letra bailonga que se va retratando carta a carta, sin embargo, también son tus esfuerzos cada ves más grandes.
Resulta, además, un tanto absurdo escribirte después de tu última carta, fue tan clarificadora y sincera… Definiste claramente el oficio del buscador.

Agradezco sobremanera el párrafo que me recitaste al oído, todo lo demás es silencio.

Últimamente me pregunto que necesidad hay de hacer ejercicio crítico de tus obras, cuando aún disponemos de tu palabra. Más aún sin ella, es complicada y tendenciosa la crítica previa a una obra. En ocasiones hace falta una pequeña contextualización, pero ¿Quién es capaz de hacer ése ejercicio con humildad y no condicionando la lectura más de la cuenta?

En cualquier caso, Antonio, todo esto no importa mucho, creo que como la de otros, que no quiero llamar maestros, pero lo hago, será tu escritura descubierta por el que no ceja en su empeño de buscar la verdad.

Urtzi canto

a 7 de enero del 2022

El cajón de la esterilidad

Querido Antonio:

Me apena que de nuevo te encarezcan, que otra vez tu trabajo quede relegado a objeto de lujo. Qué lejos queda eso de tu carácter, de tu modo de vida, y más aún de tu obra.

¿De qué sirve empujar tu trabajo si no llega al gran público?

Pero que sé yo… los ecos que tienen voz nos miraron con ojo receloso y lengua viperina, recelo con el que no se miran a sí mismos… ¿Dónde queda todo ése patrimonio que es de todos?¿Dónde el legado universal de facundo?. Siento que nos lo roban con cada piel dorada que lastra la transmisión de tu trabajo, porque me vuelvo a preguntar de que sirve publicar(te) sin difundir(te) ¿De qué?, apenas servirá para arrojarlo al cajón de la esterilidad, del que difícilmente saldrá.

Urtzi canto

a 16 de diciembre del 2021

Discurso y permanencia

Querido Antonio:

Las palabras sin sostén carecen de estructura, mejor dicho, no estructuran, que es diferente. Y las palabras que no estructuran carecen de valor y resultan prescindibles.

El diálogo es de adentro a fuera, la obra dice y de ella se hace palabra. En ningún caso la palabra puede hacer obra, a eso se le llama “discurso”.

Dado que la obra se independiza de la mano de artista, lo que de ella se diga ha de dar cuenta de lo que permanece. Esta obra sale a flote, o no lo hace, y se le forman, o no, valores propios. Éstos valores ya no son del artista (contexto personal), ahora son del entorno (contesto cultural), y en el mejor de los casos llegan a ser universales (Arte).

Urtzi canto

a 10 de diciembre del 2021

Delimitar y negar(se) la posibilidad de lo que no conduce a ninguna parte

Querido Antonio:

Vengo a contarte cosas que tu mano ya conoce, a decirte que pintar es generar ilusión, sin ella, el ejercicio de mirar carece de sentido.

Más allá del talento particular, creo que apenas se puede enseñar a mirar, nada mas puede uno hacer por los demás. Bastante me parecería llegar a conseguir algo semejante, pues este, el de mirar, no es un trabajo vacuo, e implica autocrítica y esfuerzo consciente. A cambio, uno sólo obtendrá lo que se conceda a sí mismo.

En el camino de ésta enseñanza quizá sólo haya una sola cosa esencial, ser fiel a uno mismo, pero las implicaciones de esto son tantas que lo mejor que se puede hacer, es delimitar, negar y negarse la posibilidad de lo que no conduce a ninguna parte. Sólo así hay lugar para lo que verdaderamente importa. En cuanto a lo que importa… es algo tan escurridizo que “lo que se busca no se encuentra, y lo que se encuentra, no se busca”(1). No obstante los esfuerzos no son en vano, pues son los que le construyen a uno.

Por todo eso, quien quiera aprender que no venga a mí, no tengo nada que enseñar, apenas tengo la inacción como premisa. Quien no quiera esta quietud, que se abstenga de perder tiempo.

Sin embargo, no me faltarán ganas de acompañar la mirada del otro y quizá señalar aquellos puntos en que convendría reparar, más aún si cabe, los hallazgos de la mano inocente. Y es que resulta de vital importancia atesorar los hallazgos del camino para después dejarlos marchar. Es en esos momentos, en los de hallazgo y abandono, en los que cambia el rumbo de la mirada (y del ser).

El camino da a una senda,

la senda es el camino, al que, quien quiera avanzar,

se ha de aventurar.

El que no lo haga no avanzará.


El camino curvo sigue sin necesidad de tomar senderos, y la senda son muchas y lo vienen a bordear.

¿Cuál es la correcta?

Yo ya encontré la mía, tú la has de buscar.

“Anagrama apócrifo LXXXII” «Anagrama inventado en base al Tao te King de Lao -Tsé»

Ya te he dicho anteriormente algo similar, pero cada vez me afianzo más en una posición, indefinida pero inequívoca, sobre lo que merece la pena ser enseñado y lo que no, por ejemplo: evitar lo no lleva a ninguna parte, y menos aún, lo que genera mayor confusión; Igualmente, evitar corregir esas maravillosas desviaciones naturales que algunos tienen en su mano, con tanto valor expresivo, y quizá hasta artístico.

(1) “El ravero”; Niño de Elche

Tu amigo Urtzi

a 28 de Noviembre del 2021

Al 80 aniversario de Antonio

Qrid.* Antoño*:

Hoy te exponen… tanto a tu obra como a ti mismo. Ojalá este aniversario fuera una situación tan sincera y sencilla como “hombre y gato“, para mí un buen recuerdo, y reflejo de como el día de tu aniversario pudiera ser.

Han pasado una cincuentena de años, y desde algún sitio, donde quiera que se hallen mis rostros, te quiero feliz.

Con cariño

Fd: “Muchacha de coletas amarillas”

11 de Junio del 2021

(From “Painting portraits”)

El difuso rostro de la pintura

Me sorprende increíblemente una pintura de Isabel Baquedano, un liencito de pequeñas dimensiones que representa una Eva y un Adan en el paraíso ingrávido de la nada, me recuerda, como no, al mismo tema de Durero, dos ventanucos separados con figuras independientes  y un tratamiento más detallado, pero con ése mismo aire níveo y flotante. Estas escenas, ambas, tienen un punto de dibujo subyacente que me empuja más atrás aún, al mismo Adán y la misma Eva de las pinturas originarias de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo (Segovia). 

Pero esto en realidad trata de pintura, del color impropio pero propio, el color interno; de las formas subyacentes de parecen desbordar a las aparentes; de la fusión de planos entre figura y fondo; incluso de cierto verde moho, en el que no había reparado hasta ver la colección de obras de la autora en la Sala del Bellas Artes de Bilbao.  El dibujo, el de la obra “Adan y Eva” de I. Baquedano, es matissiano, sinuoso y grácil, como de una pluma, como echo de un sólo impulso, y la expresión se traslada a un rostro escueto desde el dinamismo de un cuerpo de color plano. No hay así linea de contorno, ni fondo determinado, sólo una insinuada serpiente que sitúa a los personajes (y al tema) en un espacio dado. Me alegra ver que aquí tampoco la pintura es perfecta, que no faltan un par de pinceladas fuera de lugar, porque en esos lares es donde se bate el artista consigo mismo.

…no faltan un par de pinceladas fuera de lugar, porque en esos lares es donde se bate el artista consigo mismo.

También me sorprende la “Lucrecia”, de Lucas Cranach, una mujer cuya curva parece que baila, con una marcada turgencia a base de color más o menos plano y algunas sombras suaves. También tiene dibujo, se le nota sobre todo en las manos, que sujetan aquello con lo que está apunto de apuñalarse, pero no se preocupen, que ella espera con paciencia a que nos vallamos para acometer el suicido por deshonra, pero de momento espera y parece apelar a la venganza futura de la violencia sufrida. Su cuerpo es pura luz en la nada, la forma es dinamismo y éste último la antesala de la acción. No hay fondo, lo cual enfatiza todas las características propias de la figura y nada más.

Otro ejemplo de color y forma, de línea, es la “escena de lucha” de Kawanabe Kyosai, las habrá más delicadas y en mejor estado, pero ésta, por el tamaño de las figuras y el tamaño del pliego, así como por la simplicidad de la pieza y la ausencia de fondo, centra la atención en aquello que sí hay. La composición es impecable, muy dinámica, los personajes tienen expresiones propias tanto como relación con las de los demás. Los cuerpos son exuberantes, generosos, exacerbados, pero anatómicos. El color (aunque menguado) es preciso, muy cubriente, y los detalles de “turbantes” y vestimentas son my detallados (sin serlo del todo, pero dan perfecta idea de dobleces y superposiciones). Hay matices de luz en las masas de color dentro de las líneas de dibujo, las miradas y los gestos de cuerpo y brazos guían la acción, éste “teatro” detenido.

Por último, no hay espacio, hay papel cuyas cualidades matéricas son el único espacio que necesitan… flotan en el aire, pero reposan lo justo en las evidencias de imperfección del papel. La lucha continuará cuando no miremos

La lucha continuará cuando no miremos.

sábado, 15 de mayo de 2021

Qrid. Antoño* y Basilio III

Cuanto menos produzco más trabajo, y creo que en el arte no se trabaja por trabajar, que se trabaja por necesidad interior. lo otro es producción.

Sin embargo, en la ciudad todo se torna confuso y ése “Antisoma” que tomamos por los sentidos nos despoja del silencio en el que podríamos vivir (y trabajar). Pienso que aveces no tenemos ni idea, que de tanto decir sobre ella, se nos olvida mirar la pintura y simplemente gozarla, con sus defectos y sus virtudes, sin crítica, sin comparación. ¿no es otra cosa lo que vale?…

Lamentablemente, yo mismo soy el primer criticón.

La palabra es… “ilusión”, quien produce ilusión en los demás es rico en humanidad, es así, quizá, como se encamina uno a la creación. Ilusión y preguntas, no afirmaciones, que quizá sirvan para conocer primero la intención y hacer aflorar después su propia voz y respuesta.

Quien produce ilusión en los demás es rico en humanidad

Sin embargo, a día de hoy las periferias de los proyectos no me dejan profundizar en nada y absorben todo mi esfuerzo, alejándome de ése aflorar. Pero ya sabes, aunque la forma no es estructura también hay que moldearla, a pesar de que a veces cueste más de uno y mil combates de letrista.

Precisamente hace poco me hablaba una llamada sobre la comunicación, acerca de lo que comunicamos y lo que SE comunica. Considero que “comunicar” no es siempre comunicar, sirve a menudo más para confundir que para aclarar, pero es ésa una batalla perdida, a mi me basta con intentar en mi práctica velar más que desvelar. Cada vez encuentro más gusto, y lo digo con la boca henchida de placer, en el natural, en pintar DESDE lo que se ve, y no lo que se ve.

En torno a esto, creo que si uno se hace pintor, escultor, fotógrafo… es porque necesita aprender a mirar, y digo pintor y todos los demás, y no artista. Los primeros hacen lo que necesitan para aprender a ver, y el último es capaz de hacer llegar su modo de ver a los demás, que es otro cosa.

No obstante, yo creo que nunca he sabido mirar, y que necesito, como tantos otros, darle forma a esas cosas que no acaban de encajar en mis ojos, que en realidad son ciegos (por tanto, una tarea infinita y circular)

Sin embargo, o quizá por eso mismo, siento la necesidad de dejar de escribiros, a ambos. Si bien no sois lo mismo el uno que el otro, necesito salir de la influencia de ése aura del arte, de la de ambos, y abandonar la losa que me pesa. Quizá sea para hacer lo mismo pero sin hacerlo, quizá, para siendo otra cosa, serlo un poco más en silencio y un poco más sano.

Noto últimamente que el aire está viciado alrededor de esta informe mesa, y temo ser otro Salomón mirando el reluciente bronce, buscando un algo que no se busca, que quizá sólo se encuentre, aunque no siempre tenga la forma que uno espere.


Cartas a Antonio III: Soma para los sentidos

Qrid* Antonio:

Que cansado estoy de los oráculos gritones, del reflejo de incultura que promueven las pantallas, de la explotación de los cutre como espectáculo, del ruido ambiente que ametralla y descentra, !Del espectáculo en sí mismo!, en definitiva, de la parodia como sustitución de la vida. Estoy cansado del ruido y no sé a donde mirar sin exponerme, sin que me roben mi silencio.

“…porque, como paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”

Lope de vega

Resulta éste un “soma” que se aspira por los sentidos, para que todo se vuelva más vívido, más real que lo real, despojado del silencio y de voz interna.

25 de febrero de 2021

Cartas a Antonio II: buscando ésa barquilla con la que transitar por la travesía de la creación

Querido Antonio:

Recientemente he pintado varios bocetos de un ventilador con ventana, en realidad el tema es lo de menos, lo que importa es la pintura, que voy creyendo pasa por la materia y el color, aunque también pienso que algo (en mi caso particular) se da a través de soportes con historia. Hoy he atacado masas de rojo pastoso, tres hélices en torno a un viejo cacharro blanco. Por un lado se proyecta una sombra marrón claro que baja hasta la base y lo contornea hasta su base, donde toma matices azules. Toda la escena es básica en colores, amarillos para un premarco donde se encastra la escena, blanco rosado para el pollete de la ventana que contiene el aireador*, y detrás el marco en verdes que da a un donde azul… Por donde el aire se cuela por la mezcla impura de los azules y blancos.

Creo, por lo que otras pinturas eme enseñan, que el interés pasa en ocasiones (nunca es siempre) por la materia y su tratamiento, por ejemplo, un piernudo de pintura extendida, larga, relamida… Con un punto en la rodilla de pasta de paleta sin apenas extender, genera un foco de atención y un punto de fuerza en la escena.

Sé… Que esto es un hablar muy vago, muy circunstancial, pero ¿no es así como se empieza a conocer? Ése aprendizaje que te menciono llevo tiempo viéndolo en algunos alumnos, aunque no es fácil nombrarlo, es una especia de oposición equilibrada donde “lo uno en cantidad resalta lo contrario en escasía*”. No tengo aún forma de más clara de nombrarlo.

Me viene a la mente las palabras de Séneca en una parte del diálogos de platón, concretamente en “Fedón o del alma“, donde dice lo siguiente:

“…no examinar detenidamente lo que se dice, y cansarse antes de haber hecho todos los esfuerzos posibles para conseguirla (la razón) es digno de un hombre perezoso y cobarde… Es preciso escoger entre los razonamientos humanos el más fuerte y embarcarse en él como una barquilla… A menos que sea posible encontrar, para hacer este viaje, algún razonamiento incontestable que nos ponga fuera de peligro.”

Leo este texto, escrito en defensa de la razón, en clave de creación, empujando la necesidad de valor y trabajo para criticar el trabajo de uno y de los demás, buscando ésa barquilla (o trasatlántico si se encuentra, que dudo exista) con la que transitar por la travesía de la creación.

Basilio XIII: !Más arena, Basilio!

Querido Basilio (aunque quiere sonar “Querido Antonio”)

¿Qué te parece si ponemos arena sobre esta informe mesa? ¿Ocurre que entre duda y duda, la una llama a la otra, y la otra a la una, y se levanta una atalaya desde donde mirar?

Querida duda, que también quiere sonar “Querido Antonio”, resulta tan inestable este cúmulo de dudas que habré que bajar ¿bajarse?, habré de asir la duda, con el lápiz, resolverla incertidumbremente*.

!Equivócate!

!No te equivoques!

!Pero equivócate!

Que lejos del suelo he de mirar ¿lejos?, cuánta tijera y cuánto* poco celo necesito para empezar

!lLimpiar! !recuperar! !re-ecuperar*!, que cuando ecupere* quizá construya lo que de ensoñar no quiero.

!Más arena, Basilio!

“Mas la larga espera

es oscuridad de noches

de hondo frenesí. Y sólo

tienes tiempo

de recoger los frutos que sembraste

sobre surcos de arena”

(Jose Antobio Caceres, “Moradas”, la emperatriz)

Urtzi Canto

En Bilbao, a 3 de febrero del 2021

Un cuaderno, color desbordado y también un sueño

Querido Ander:

A tu lado hay un cuaderno tapizado en negro, es apenas una cuartilla multiplicada y encuadernada con cuidado industrial. Junto a ella queda una caja rectangular bien cerrada, se llama “Manley” y es como un arcoiris, ten cuidado, expande un enjambre de colores que anidan en todas partes.

El cuaderno esta cerrado, pero hay cosas que desbordan por uno u otro lado, es además grueso, no cabe en sí y camina con las piernas abiertas por no poder cerrarlas. Te confieso que és este cerrado cuaderno me hace pensar en otro, que no es ni mucho menos un cuaderno, pero tiene yá desbordados los colores. Ésos colores, esas formas, estan gravemenente metidas en mis ojos.

No es feo el oficio de libro ¿Verdad?, sobre todo cuando puede contener, con verdadera humildad, con sencillez, aquello que resulta esencial en él, en cada uno de ellos. Tú ya tienes uno, aún en ciernes, sí, esas cuartillas en forro negro son yá el germen.

¿De qué? ¿Importa?

Francamente, éste cuaderno de cuartillas son todos los precedentes y posteriores, y siquiera importa lo que contuvieran o contengan en algún momento, importa lo que ésos colores vengan a pre y post formar fuera de sus papeles.

“Colores mezclados en caja de detergente”

Yo sueño a veces con las cuartillas de “Paisaje con molino y mujer tumbada”, en colores tierra cálida, densos, atmoféricos… es apenas un “cuaderdo” de color mezclado en detergente, pero creo, que su impresión es certera por sencilla, por esencial, por desprovista de artificio. Hay tantas y tantas cuartillas derramadas de color que me gustaría tener en mis ojos…, se cuentan a miles, y son tan ligeras como una sóla.